lunes, 26 de julio de 2010

ALBA UNA JOVEN FASCINANTE DE VERDAD!! UNA DISCAPACITADA MUY VALIENTE !! ES CIEGA..


Yo nací ciega, es algo que siempre ha estado conmigo, no veo que tenga más dificultades que cualquier otra persona. Lo que quiero hacer lo hago, sólo que de manera diferente", comenta Alba de Toro en una cafetería del distrito barcelonés de Gràcia mientras acaricia a su perra, Tori, y explica sus planes. Alba pasará el verano recorriendo Europa haciendo autostop. Ahora ya estará en Manchester, donde debía reunirse con compañeros que conoció durante su año Erasmus en esta ciudad británica; y en septiembre regresará a India, a Anantapur, para seguir enseñando programas informáticos a niños y jóvenes invidentes de la Fundación Vicente Ferrer (FVF).

Alba, de 22 años, se frota las manos pensando en su futuro inmediato: acaba de licenciarse en Traducción e Interpretación de inglés y alemán por la Universitat Autònoma de Barcelona y sueña con su próximo viaje a India, el cuarto. "Al acabar la carrera me planteé: '¿y ahora qué hago?, ¿un máster?' No, soy joven, quiero hacer muchas cosas. Quiero trabajar más con los niños de Anantapur, quiero conocerlos mejor, cómo sufren su discapacidad. Y también quiero practicar mi hindi y estudiar música oriental. En las anteriores ocasiones estuve periodos de dos meses, pero se me quedaban cortos". Ahora, se marchará cuatro meses, quizás un año.

Su primer viaje a India fue iniciático, con sus padres, cuando cumplió 18 años. La ruta acabó en Anantapur, donde conoció a Vicente Ferrer y a la directora de la escuela de invidentes de la fundación, que le pidió colaboración.

"Aquello me atraía mucho, pensé que podía ayudar en algo". Los niños la acribillaron a preguntas: "¿Es fácil encontrar trabajo en España siendo ciego? ¿Cómo te las arreglas para hacer las cosas? ¿Cómo escribes?...". "Allí la sociedad los estigmatiza, ser ciego quiere decir que has hecho algo malo en una vida anterior. Y ellos veían que yo llevaba una vida normal. La fundación trabaja para integrarlos".

De aquella primera incursión surgió un proyecto de larga trayectoria. Aprovechaba las vacaciones universitarias para instalarse dos meses en Anantapur y enseñar a los estudiantes invidentes del instituto, de entre 12 y 17 años, el funcionamiento de un programa informático que les permite leer (una voz lee lo que aparece en la pantalla, así el usuario escucha los textos) y escribir. "Si aprenden informática tienen muchas más salidas laborales. Ahora quiero introducir el ordenador en las clases", añade Alba. La FVF tiene en funcionamiento 18 centros educativos adaptados a alumnos con alguna discapacidad visual, auditiva o mental.

Con los niños de corta edad "he trabajado más la expresión corporal y la imaginación", dice. "Les llevaba cuentos con relieves, los hacía cantar, bailar...". Y ahora espera reencontrarse con ellos para ver cómo han evolucionado.

Cuenta Alba que de pequeña ya soñaba con viajar a India, no sabe muy bien por qué. "Me imaginaba sus olores, sonidos, colores... Aunque no pueda visualizar las imágenes, me las imagino, igual que cualquier otra persona. India cumplió mis expectativas, pero a la vez tuve momentos de tristeza por la miseria que sufría la gente, tenía ganas de arreglarlo todo, pero no podía hacerlo. Me angustié mucho porque pensé que era demasiado complicado moverme en ese país, pero luego conocí la fundación y vi que tenía la oportunidad de ayudar. Me fui con muy buen rollo pensando que volvería". Alba transmite entusiasmo y optimismo y se extraña cuando alguien le pregunta por las limitaciones que le impone la ceguera. Siempre ha superado todas las barreras. Ahora lo que más le seduce es viajar y no tiene problema en embarcarse sola en un avión rumbo a destinos lejanos, a su ya familiar Anantapur, con la única compañía de Tori.Otra de sus aficiones es el esquí, deporte en el que ha sido integrante del equipo paralímpico español.

En su primer viaje a India conoció a Vicente Ferrer, fallecido el año pasado, y está muy ilusionada con que la candidatura de la FVF gane el Nobel de la Paz. "Era una persona muy próxima, que transmitía mucha espiritualidad y tranquilidad, para la gente de allí es un dios", comenta apurando su refresco.

"¿Qué hora es?", pregunta. Las dos menos cuarto. Alba vuela a la mañana siguiente a Manchester y todavía debe pasar por el banco: el día anterior fue víctima de un robo que le complicó los últimos preparativos de este viaje. Tori, que lleva cuatro años junto a Alba, la acompaña a todas partes. Tras la sesión de fotos para ilustrar el reportaje en las calles de Gràcia, enfila risueña hacia su casa, un piso de estudiantes que comparte con tres amigos.

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